
Báilame el agua. Úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto. Sácame de quicio. Hazme sufrir. Ponme a secar como un trapo mojado. Lléname de vida. Líbrame de mi estigma. Llámame tonto. Olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora. No me arrastres,no me asustes. Vete lejos,pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo. Toca mis ojos. Nota la textura del calor. ¿Por cuánto te vendes? Píllate los dedos. Deja que te invite a un café,caliente,claro. Y sin azúcar... sin aliento.
martes, 15 de noviembre de 2011
Eres mi vicio inconfesable.
Aparentemente una noche más. Noche de deseos absurdos y locos, casi asombrosos. Fiesta. Un par de copas de más o quizás algo más que un par. Música, las ganas de bailar y el dejarse llevar por el ritmo. Un cruce de miradas,el de siempre, complicidad, atracción. Salidos hasta no poder más, borrachos de ganas, de odiarse a ratos y otra veces de querer comerse. Ella piensa en lo que le dijo su amiga al principio de la noche : la vida es corta y el tiempo limitado, aprovechalo! se rie, ¿porqué me empujas para que vaya por delante de el?, ya no piensa ni en pensar. Sus ojos, la llevan a romper la distancia de seguridad y entonces pasa, llega ese momento en que chico besa a chica o quizás al revés. Todo empieza a tener sentido después de tantas idas y venidas. La vida es así, cuando menos te lo esperas, cuando has dejado de pensar en algo, cuando no sabes que ese es el momento adecuado, sucede. Juntos salen de allí y juntos pierden la noción del tiempo. Empiezan a caminar sin rumbo ni destino. Ella le dice: "vale sí, lo reconozco...sobre todo cuando te acercas". Incomprensibles como siempre, con ganas de perder el control, de que aquello se escapara de su capacidad de comprensión y que no supieran asimilar esos momentos de locura. A contracorriente y con rumbo fijo acabaronn como siempre, tras unas cuantas negativas, tonteos, risas, hacerse derrogar, terminaron disfrutando. El descaro gritaba por sí solo. Las manos recorrían las dudas y las sonrisas contaban su historia. Entre risas y después de liarla un buen rato, con ganas de ´más, de seguir se fueron sin más, agarrados de la mano, en silencio. Él solo le susurró: "vale sí, lo reconozco...eres mi vicio inconfesable".


Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario