Pero hay momentos en los que aflojas un poco y te acercas, la reconciliación.
Cuando él se empeña en abrazarte y decirte que no va a volver a pasar, sabiendo que al siguiente día ya lo tendréis olvidado, y las cosas seguirán igual. Él te besa, tú le besas, primero lento y suave, eso siempre te deja con ganas de más. Luego él te atrae y te pega a su cuerpo y empieza a besarte rápido y fuerte, eso que hace que pierdas la cabeza por él. Te mira, con esa mirada de picardía aunque un toque seductor. Te muerde en los labios y va bajando con besos sutiles hasta que llega a un punto que le hace dudar. Entonces eres tú la que le quita la ropa y la que lo empuja hacia la cama, el retrocede te empuja hacia la pared, y empieza a besarte desenfrenadamente. Estas en silencio, solo escuchas e sonido de vuestroos besos y vuestra respiración, demasiado acelerada. Es ahí, cuando te das cuenta, quieres que esa persona esté contigo el resto de tus días.

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